Claudio Ptolomeo, astrónomo y astrólogo del siglo II, sentó las bases de gran parte de la astrología occidental en su obra Tetrabiblos. En ella dedica espacio a las estrellas fijas, ofreciendo un método de clasificación que sigue vigente.
El método ptolemaico
Ptolomeo clasificó las estrellas según su similitud con los planetas. Una estrella roja y brillante podía tener naturaleza de Marte; una blanca, de Júpiter o Venus; una amarilla, de Saturno o Mercurio. Esta clasificación no es casual: se basa en el color, el brillo y la percepción antigua de cada astro.
Las estrellas y las constelaciones
Además de la naturaleza planetaria, Ptolomeo consideró la constelación a la que pertenecía cada estrella. Una estrella en el cuello de la Hidra heredaría cualidades de la serpiente; una en el corazón del León, cualidades de nobleza y dominio.
Influencia sobre la Tierra
Ptolomeo creía que las estrellas fijas ejercían influencia a través de sus aspectos con los planetas y su posición en el momento del nacimiento. Aunque las estrellas son remotas, su luz y su posición simbólica las hacen participes del destino humano.
Legado
El método de Ptolomeo fue seguido y ampliado por autores medievales, renacentistas y modernos como Vivian E. Robson. Su influencia se percibe en las tablas de estrellas fijas que aún utilizan los astrólogos tradicionales.
Conclusión
Ptolomeo nos legó una forma ordenada de comprender las estrellas fijas. Su trabajo demuestra que la astrología siempre ha sido una ciencia simbólica, capaz de conectar lo terrenal con lo celestial mediante patrones de correspondencia.